Las muñecas otomíes son patrimonio cultural del estado de Querétaro, en el centro de México, pero ahora se adaptaron a la temporada navideña con la esperanza de recuperar la economía para más de 10.000 artesanas de la región.

Ante la crisis de covid-19, las artesanas otomíes de Amealco, en Querétaro, han padecido una complicada situación económica por las medidas de confinamiento, por lo que ahora ofrecen a sus clientes estas tradicionales muñecas indígenas decoradas para sus pinos navideños y hasta los nacimientos cristianos.

Lucía García tiene un taller en la comunidad de San Ildefonso Tultepec que da trabajo a una decena de mujeres que mantienen sus bordados tradicionales en productos artesanales, como estas muñequitas que se han convertido en un ícono del estado.

Pero su negocio ha resentido el confinamiento con ventas bajas a lo largo del año, por lo que se ha visto en la necesidad de reinventarse.

“Nosotros sí vivimos esta temporada o este año de la pandemia muy difícil porque en un inicio cerraron todo y nuestras ventas son de vender de persona a persona, de estar muy en contacto con nuestros clientes, de buscarlos, de ofrecerles, y con la pandemia no se podía”, comenta a Efe.

DE LA TRADICIÓN A LA MODA

Los otomíes son un pueblo originario del centro de México con más de 600.000 descendientes, de acuerdo con el Atlas Nacional de los Pueblos Indígenas del Gobierno de México.

Sus tradicionales artesanías son grandes atractivos turísticos de estados de la región, como Querétaro, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala.

La muñeca otomí es una tradición con más de 100 años en el municipio de Amealco y el 18 de abril de 2018 fue nombrada patrimonio cultural de Querétaro.

Se estima que 10.000 mujeres indígenas se dedican a la fabricación de estas muñequitas conocidas como “Lele”, que en otomí quiere decir “bebé”.

Pero ahora, las artesanas otomíes ofrecen sus muñequitas con motivos de temporada para adornar los árboles navideños de los hogares con un detalle que brinde calidez y esperanza en estos tiempos de incertidumbre.

María Guadalupe Cruz, una de las trabajadoras del taller de Lucía García, destaca el trabajo de las creadoras de estos objetos.

“La muñequita artesanal se ha adaptado a esta época navideña, lo que se buscó es que cumpliera con lo que los clientes quieren que es tener la muñequita que pueda adornar sus hogares en estas épocas”, expone.

“La muñequita es elaborada por artesanas en la comunidad, quienes ponen mucha dedicación para que esta muñequita pueda alegrar la vida de las personas que la compran”, añade.

RENOVARSE O MORIR

La idea ha tenido aceptación entre su clientela, también por la variedad de adornos navideños que ofrecen, como un nacimiento único o pesebre (belén, en España) elaborado con sus muñequitas, que pueden ser personalizadas por sus clientes.

“Se nos ocurrió lo de los nacimientos, estuvimos ofreciendo y varias personas nos dijeron que sí les gustaba y que sí podían ponerlo en su árbol, y que se veían bien”, detalla.

“Le ponemos el color que nos piden o el color que nosotros vemos también que es navideño y los colores que se adapten, sí les llamó la atención y esperemos que sigan conociendo lo que hacemos y que consuman lo hecho a mano”, expresa.

Para el árbol navideño prepararon en específico unas muñequitas vestidas con los colores de la temporada, en lo que termina por ser un sincretismo cultural, afirmó Eva María García, hija de la dueña del taller.

“Es una muñeca vestida de rojo y con un gorrito de Santa Claus. Esto no es como para que queramos cambiar nuestra cultura porque es una tradición de otro lado, pero buscamos que nuestra muñeca también pueda incluirse con otras culturas”, justifica.

La prueba es que las muñecas otomíes han viajado a exposiciones en España, China, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y otros países para mostrar la cultura autóctona.

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